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¿Inquieto o hiperactivo? No da lo mismo.

  • 13 jul 2024
  • 3 Min. de lectura

En varias ocasiones escuchamos a papás que afirman cosas como “mi hijo/a es hiperactivo/a”, “está poco tiempo sentado/a” o “no para quieto/a”. Pero, la hiperactividad es un trastorno que va más allá de la inquietud o el nerviosismo.




La hiperactividad es un trastorno


La Hiperactividad es un trastorno del neurodesarrollo, es decir, la persona desde muy temprana edad presentó dificultades en el proceso madurativo normal de la región frontal del cerebro. Esta región frontal es la encargada de desarrollar y regular los mecanismos de autocontrol (atención, movimiento e impulsividad). Por ello, en estas personas se observa una alteración de las denominadas funciones ejecutivas, es decir, de las capacidades cognitivas para fijar la atención, planificar y organizar una acción, recapacitar sobre las distintas consecuencias de las conductas e inhibir la respuesta automática, modificándola por otra más apropiada. Se diagnostica como Trastorno por déficit atencional e hiperactividad (TDAH)

Ahora bien, este trastorno es bastante común en la población (5 de cada 100 individuos en el mundo lo padecen).

Estos niños y niñas presentan dificultades para mantener la atención en una tarea, se mueven en exceso y son impulsivos. Todas ellas son conductas propias de la infancia y por eso mismo su diagnóstico puede ser difícil y controvertido, así que imaginemos lo complicado de su tratamiento.

Son características muy particulares de este trastorno que pueden aparecer entre los 2 o 3 años. Al principio uno puede pensar que es un niño que le cuesta quedarse quieto, pero cuando lo comparamos vemos que mientras otros niños se tranquilizan y se concentran cuando hacen algunas actividades, participando bien, este niño/a tiene dificultades para hacer y seguir esas mismas actividades. Esta dificultad de atención no se da sólo con una actividad “aburrida” sino en todo. Se le complica prestar atención en un juego, en una pintura, en una lectura, y obviamente en un ejercicio de lengua o matemática. Siempre tiene dificultad para prestar atención, para sostenerla, y por ende, para realizar estas actividades y poder finalizarlas. Si tienen además impulsividad o hiperactividad tienden a levantarse del lugar, ir o venir, subirse a la silla, pasar por debajo de la mesa, querer salir de la sala, querer entrar, hablar todo el tiempo, interrumpir a los otros. Esto es una señal de alarma en nuestras aulas.

Existen tres subtipos de este trastorno: 1)- con prevalencia de la inatención/dispersión; 2)- con prevalencia de la hiperactividad/impulsividad; 3)- mezcla de los dos.

 

Detección


Este trastorno se suele detectar en la etapa infantil, entre los siete y diez años, principalmente porque es el momento evolutivo donde se aprecian dificultades adaptativas y en el rendimiento escolar del menor.

En los primeros años de vida (etapa preescolar) lo más llamativo son los problemas de conducta, mientras que en la adolescencia las dificultades suelen centrarse más en la autoestima personal y los problemas sociales, que se pueden unir al consumo de drogas, alcohol u otro tipo de problemas legales.

Los síntomas del trastorno en adultos pueden no ser tan claros como los síntomas en niños. En los adultos, la hiperactividad puede disminuir, pero los problemas con la impulsividad, la inquietud y la dificultad para prestar atención pueden continuar.

 

Tratamiento


Los tratamientos estándar para el TDAH en los niños incluyen medicamentos, terapia conductual, asesoramiento y servicios educativos. Estos tratamientos pueden aliviar muchos de los síntomas del TDAH, pero no lo curan. Puede llevar un tiempo determinar qué funciona mejor para tu hijo.

El tratamiento para el TDAH en adultos es similar al tratamiento para el TDAH en niños. El tratamiento del TDAH en adultos incluye medicamentos, asesoramiento psicológico (psicoterapia) y tratamiento para cualquier afección de salud mental que se presente junto con el TDAH. Ayuda adquirir ciertos hábitos útiles: hacer una lista de las tareas que deseas realizar cada día; dividir las tareas en pasos más pequeños y manejables; utilizar anotadores con hojas adhesivas para escribirte notas a ti mismo y ponerles en lugares visibles; lleva contigo una agenda para que puedas anotar ideas o cosas que necesitarás recordar; seguir una rutina igual todos los días y conserva los objetos, como las llaves y la billetera, en el mismo lugar.

 
 
 

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